19 abril, 2011

Ciruelo de Buenos Aires

por gabriela victoria w

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27 noviembre, 2010

La Trama Invisible

por gabriela victoria w

A partir del relato…

Las líneas de la mano (J. Cortázar) 

De una carta tirada sobre la mesa sale una línea que corre por la plancha de pino y baja por una pata. Basta mirar bien para descubrir que la línea continúa por el piso de parqué, remonta el muro, entra en una lámina que reproduce un cuadro de Boucher, dibuja la espalda de una mujer reclinada en un diván y por fin escapa de la habitación por el techo y desciende en la cadena del pararrayos hasta la calle. Ahí es difícil seguirla a causa del tránsito, pero con atención se la verá subir por la rueda del autobús estacionado en la esquina y que lleva al puerto. Allí baja por la media de nilón cristal de la pasajera más rubia, entra en el territorio hostil de las aduanas, rampa y repta y zigzaguea hasta el muelle mayor y allí (pero es difícil verla, sólo las ratas la siguen para trepar a bordo) sube al barco de turbinas sonoras, corre por las planchas de la cubierta de primera clase, salva con dificultad la escotilla mayor y en una cabina, donde un hombre triste bebe coñac y escucha la sirena de partida, remonta por la costura del pantalón, por el chaleco de punto, se desliza hacia el codo y con un último esfuerzo se guarece en la palma de la mano derecha, que en ese instante empieza a cerrarse sobre la culata de una pistola.



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La propuesta…

La Trama Invisible expone el resultado de un proyecto que surgió al dividir el relato Las líneas de la mano de Julio Cortázar en once fragmentos, historias mínimas que fueron repartidas entre personas ajenas a la intención del proyecto, comprometidas únicamente con la voluntad de juego. Las once obras que componen cada uno de los grupos han sido unidas entre sí buscando las “figuras o constelaciones” que pudieran resultar. Cocteau decía que las estrellas que forman una constelación no saben que la forman, solamente nosotros al observarlas en el cielo las encontramos. 

Al fragmentarse, la narración del relato se bifurca o multiplica pero no desaparece sino que asistimos en cada constelación al nacimiento de once historias escondidas en la trama principal. Sucede como en los anagramas que tanto gustaron a Cortázar, en los que se jugaba a interrogar a cada una de las letras de una palabra para averiguar lo que ocultaba en su interior.

La participación de un total de más de 60 personas ha dado lugar a seis constelaciones, habiendo colaborado artistas, psicólogos/as, arteterapeutas, escritores/as, diseñadores, profesores/as, estudiantes… Personas desde 5 hasta 83 años. Quisimos que participara gente de todas partes, es por ello (y por el encanto del formato postal) que implicamos a personas residentes fuera de Madrid a través del envío de tarjetas postales.

En una entrevista Cortázar dijo “Los cronopios es un gran juego para mí, es mi placer”. Esperamos que también haya sido un juego placentero para todas y todos los participantes de esta trama invisible.

Organizadoras y participantes

Noemí Martínez y Graciela García
··CONSTELACIONES·· Javier Abad; Juana Alba; Marián Alonso-Javier Gil; Noelia Bascones; Juan Bilbao; Candy Camuñas; Esther Carmona; Charo Crespo; Berta Delgado; Raúl Díaz; Mariángeles Fernández; Blanca Figueroa; José Luis Galdeano; David Gamella; Guillermo García Lledó; Graciela García; María Gil; Ana Glez. Diz y Matilde Marras; Ana J. Revuelta; Marta Lage; Juanjo López; Marián López Fdez. Cao y Federico López Gauli; Ana Mampaso; Cristina Mampaso; Javier Mampaso; Raúl Manrique; Iván Martínez; Noemí Martínez; Ana Mazoy; Stella Mesteras; Laura de Miguel; Mercedes Muñoz; Pachi Ochoa; Pablo Olaizola; Teresa Pereira; Raquel Pérez Fariñas; Elena Pozo; Laura Rico; Katy Rigo; Elena Rodríguez; Rocío Rodríguez ; Julio Romero; Ana Serrano; Javier Setó; Paula Tejedor; Beatriz Valdivieso; Yu Xin ··MAIL ART·· Aurora Agulló; Lucía Agulló; Manuel Agulló; Carmen Alcaide; Bárbara Azcona; Daniel Azcona; Ana Bonilla; Alicia Conde; Emilio Gallego; Aurélien Lortet; Paolo Maule; Andrea Mutis; Ana Belén Núñez; Pilar Pérez Camarero; Isabel Rivas; Paula Serrano; Yaro Starak; María Vasiliadou; Gabriela Victoria; Valentina Stringari y Giovanni Zanon
En el Centro de Arte Moderno de Madrid

 

21 octubre, 2010

Palabras prestadas: Pixar

por gabriela victoria w

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N. de la T.: Las palabras pixação, pixo, pixador/a derivande piche (brea o alquitrán en portugués). Aluden a un tipo de “pintada” que originalmente se realizaba con brocha.

Para unos es producto de un vandalismo que sólo sirve para ensuciar la ciudad. Para otros es una manifestación legítima de arte, que incorpora interesantes aspectos tipográficos en una curiosa manifestación de caligrafía urbana. El hecho es que los pixos (cuyo equivalente en castellano rioplatense sería, quizás, la “pintada”) están por todas partes en San Pablo y es prácticamente imposible ignorarlos.

El pixo, como prefieren llamarlo cultores y entendidos, aparece en muros, fachadas, monumentos, túneles y hasta en las paredes de los edificios más altos de la ciudad. En todos los barrios nos topamos con esos grafismos, muchas veces incomprensibles para quienes no están habituados a “leer” las letras trazadas con tinta casi siempre negra.

Los pixadores paulistas provienen, en su mayoría, de las clases bajas, que enfrentan graves problemas sociales como la enseñanza precaria, la falta de empleo y la violencia. El pixo es una forma agresiva de mostrarle a la gran urbe que sus hijos rechazados están ahí, aunque incomoden y sean odiados como se ve en el documental Pixo, dirigido por João Wainer y Roberto T. Oliveira y exhibido en muestras y festivales del Brasil y el extranjero (de próxima aparición en formato DVD).

En San Pablo el pixo siempre se consideró marginal. Mientras el grafiti brasileño gana estatus de arte y termina su periplo en las galerías, las “pintadas” son de la calle y para la calle. “Al pixador no le interesa escribir sobre una tela y decir que es arte. Eso es algo mucho más elaborado, los artistas que andan exponiendo por ahí trabajaron para refinar sus obras”, afirma el diseñador y artista visual Tony de Marco, que firma con el tag Pixotosco.

Pero los pixadores no parecen preocuparse demasiado por la fama o el estatus de arte. Las acciones de los diversos grupos dispersos por la ciudad transforman a San Pablo en una caótica aunque interesante galería tipográfica a cielo abierto.

La pixação es un juego de poder. Pretende lograr que el mayor número de personas vea que el pixador y su grupo pasaron por allí. Por eso –fieles a la lección aprendida de la publicidad en la vía pública– los pixadores comenzaron a buscar los puntos más altos para dejar su marca. Entre los pixadores, invadir un edificio o escalarlo por el lado de afuera arriesgando la vida vale más que pixar un muro o un monumento. Hay por lo menos un mandamiento fundamental en la cultura de los pixadores: “atropellar” –es decir, escribir encima de una pixação preexistente– es una grave falta de respeto que puede provocar discusiones y peleas entre grupos.

Las pixações en muros y puertas de establecimientos comerciales terminan generando lo que se conoce como “agenda”: la aglomeración de varios pixos en espacios en blanco, que forman una especie de “colcha de retazos” con tags de diversas escrituras diferentes.

No existe una regla para la creación de las letras. Cada pixador inventa su estilo, según la estética de la grife (marca) de la que forma parte. Como el pixo generalmente se hace en situaciones límite, donde la acción necesariamente debe ser rápida, las letras casi siempre se componen de trazos únicos y finos, sin curvas elaboradas. “Hoy en día hay pixadores que hacen letras casi indescifrables. Es parte del juego, hacer que las personas intenten descifrar, entender lo que está escrito”, afirma Tony de Marco.Traducción: Teresa Arijón

Publicada en TODAVÍA Nº 23. Junio de 2010

LINK al articulo en TODAVIA

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